viernes 26 de octubre de 2007


Donde caen las manzanas



Todas las oligarquías del pasado
han perdido el poder
porque se aniquilaron
o por haberse reblandecido
excesivamente.
G. Orwell


Esa tarde, la señora Matilda se cortó el dedo. Ceremoniosamente, todos los sábados pone un puestito en la junta de vecinos.
Vende mermelada de manzana.
De todas las juntas de vecinos que conocía, nínguna había sufrido tantos cambios de domicilio, en un principio estaba ubicada en Rodrigo de Araya, por problemas de espacio se cambío a unas cuantas casas más hacia el sur. Años después, sería vecina de la señora Matilda, nunca supo porqué habiase cambiado, mejor, no caminaría esas cinco cuadras, sus tobillos tenian várices, dolían al caminar. Vivía sola y desde que tenía recuerdo habitaba esa casa. Era verde, hoy está envuelta en enredaderas. Frente a su casa estaba el único negocio que prosperó en esté sector, hace años hubo una panadería, de manera repentina no abrió más sus puertas, ella extrañaría sus dulces de miel.
La señora Matilda cuida su casa, surce sus medias, limpia sus muebles, trapea el piso, riega sus plantas, limpia sus ventanas 3 veces al mes, todos los jueves, excepto el último, en el que limpia sus fotografías ubicadas en la chimenea, éstas hacían un espectáculo que solo pocos invitados lograban presenciar, formaban una linea de tiempo que solo ella conocía, su pequeño secreto, su pedacito de mundo. Hay fotos de su familia, ella es hija única, nunca se casó, tiene las mañas de una señora, pero su linaje moriría con ella. Lejos la tarea que más disfrutaba era hacer mermelada de manzana.
No solo es el placer extremo que le procuraba el poseer un cuchillo y el acto de cortar, además, la coccíon necesita de una permanente atención para el momento de agregar el azúcar morena, la nuez moscada o la canela. Los años de experiencia le daban la seguridad de poseer la mejor mermelada del barrio, aprendió de su madre.
Esa extraña tarde, la señora Matilda se cortó el dedo. El sábado de su puestito en la junta de vecinos se vería cancelado, de todas formas, no fue un gran corte, no tuvo prisa en ir al hospital, lavó los platos, limpió el mesón y guardó la mermelada antes de salir. Esperó pacientemente su turno, solo puso un vendaje en su dedo, Matilda Gutierres, chilló por el altoparlante una voz, rapido tomó su cartera, sus documentos y entró, se sentó sobre la camilla y esperó el análisis.

—¿Cómo sucedió esto?
—Con el cuchillo, hago mermelada, señor. Mermelada.
—Se ve algo grave, Además quisiera hacerle unos exámenes, no se ve bien.

Esa noche la pasó en el hospital, comío de esa horrible jalea, mañana sería un largo día, trataría de volver a casa, limpiar y hacer mermelada para la próxima semana. Tuvo una pésima noche, no durmió pensando en su casa, olvidó regar las plantas antes de salir. Últimamente estaba olvidando muchas cosas, no recordaba calles ni números telefónicos, algo le pasaba, suposo que era la edad y eso la tranquilizó lo suficiente para dormir un momento. Despertó exaltada, un mal sueño, pensó. Observó la ventana y vió un arbol, como estaba oscuro y su vista fallaba costó trabajo reconocerlo, era un manzano el que se alzaba impune sobre la noche. Se hipnotizó mirando el fruto que se erguía puro y casi numinoso.
Esa extraña noche, se puso de pie con cuidado, tomó sus lentes y a hurtadillas avanzó hacia la ventana, quizo detenerse, volver a la cama, dormir un poco y mañana regresar a casa, seguiría haciendo mermelada para sus vecinos, ganando lo poco y nada que necesita para mantener a ella y su castillo, su fortaleza del todo segura, impenetrable; pero ahora, esa visión divina en la ventana, la cosecha de todo su trabajo, de toda una vida, se encontraba colgando de ese árbol.
Abalanzosé sobre la ventana, con su cuerpo pesado trató de alcanzarla, no pudo, se esforzó y sacó más su cuerpo por la ventana, pensó volver a la cama, olvidar esa manzana. No podría olvidar, se reprochó.
La señora solo tocó la manzana cuando notó que caía de 10 metros, directo a las raíces del manzano.
No fue la avaricía del hombre, ni su obstinación, tampoco fue el alzahimer que se le diagnosticaría la mañana siguiente. Eso no mató a la señora Matilda, sería la venganza de la manzana, que habría de cortarle el dedo, deliberadamente y con un movimiento brusco, aprovechandose de la ceguera de su víctima y que luego la seduciría hasta la muerte. La mató el fruto que protege a la semilla, el castillo que protege el linaje de la manzana.

4 Guiños:

Señorita Muriac dijo...

me imagino a tu abuela en esas faenas

Señorita Muriac dijo...

semidios
como hércules

kalid dijo...

oye
oye
algun dia sabré quien es tu hermana y no se me olvidara xD


ya avisa cuando vas para tener el libro ¬¬ si si te lo devuelvo

feliz beltane

y cuidadito

Señorita Muriac dijo...

cambia la wea po