Jazz de tarde
A Martina Pedreros
Tiempo es
la medida del movimiento
entre dos instantes.
Aristóteles
Estaba fuera del bar, camino a casa, nos besamos y ella susurró al oído que no traía puesta ropa interior, un escalofrío me retumbó la médula y entramos. Tomamos quizás 3, 4 tragos y nos fuimos a un motel barato. La única cena fue la carne que traíamos puesta.
—Te van a meter preso, Johnson.
—Sí, lo sé. —aspiré una gran bocanada de mi cigarrillo, al exhalar, hice tres argollas blancas. — ¿quieres beber algo?
—A beer. —dijo.
—I love you.
—¿La traes, cierto Johnson?
—I love you.
—Don´t come with bullshet.
Pásame esa palanca, me dijo con apuro y urgencia, en la consulta número veintidós del hospital, segundo piso, esquina calle veintiuno y cinco. Estiré la mano por la puerta trabada. Pásame la palanca ¡ahora!, procedí traspasando el hueco con la mano, de reojo la vi tratando de quebrar el vidrio que la separaba de su tesoro. Estoy perdido ayudándola a conseguir dosis de medicamentos. Escuché una sirena a lo lejos, no puedo quedarme aquí, salgo de la consulta con un poco de neuryl, para el camino, le dije a Mónica, la interna número cuarenta y nueve del hospital.
Bienvenido al box de consulta número tres, una mano me extendió el saludo, gracias, respondí de forma serena. Fecha 24/08/74 del 4S—segmento—, la historia comenzó a dividirse en segmentos cuando
Johnson. Estudió siete años medicina para recibir el título de médico cirujano y luego se especializó en psiquiatría.
Ella acudió al servicio de urgencias por presentar sangrado intermitente en el pezón izquierdo. Desde hacía dos días notaba sangre roja en el pezón y restos hemáticos en la ropa. No referían manipulación de la zona ni traumatismo mamario. El estado general del paciente era excelente, sin presentar signos de dolor, otro tipo de sangrado o sintomatología infecciosa. No existen antecedentes familiares ni personales de interés. No hay ingesta de fármacos. En la exploración física ambas mamas, areolas y pezones eran de características normales, sin tumefacción, signos inflamatorios o heridas. No se apreciaba botón mamario ni nódulos a la palpación. Con la presión aparece escasa emisión de sangre por ambos pezones, sin que esto le produjera molestias.
Unos minutos después y en plena calle, devolví mi mirada hacia la consulta, Mónica aún estaba tragando esos psicotrópicos, tuve miedo.
Estuvo aquí. Mónica, 22 años, desnucó al guardia, dos veces más grande, luego robó su pistola y le dio tres tiros en la cabeza, abrió la puerta corrediza con sus manos; según testigos, un paciente se encontraba en la consulta, pero no lo podemos confirmar, la agenda del doctor no se halló en la escena. Se encontró al occiso mutilado, repartido por toda la habitación salvo el torso que sirvió de tope para la puerta del boticario.
Traía una palanca, aun no sabemos de donde pudo sacarla, con eso rompió el vidrio, robó Ravotril, Clobenzorex, Sibutramina, Neuryl y Tradox; es extraño si piensa que estos medicamentos fueron sacados del mercado hace años.
— ¿No le parece extraño?, inspector Ellios.
—Muy extraño. —Se dijeron ambos. Ellios, nació en la tierra, su abuelo fue uno de los primeros científicos que se dedicaron a estudiar el fenómeno “Solaris” (planeta ubicado en una de las regiones poco exploradas del universo, se dice que es una macro estructura celular, similar a un cerebro a gran escala, hay muchas teorías al respecto, hace casi ochenta años que se descubrió el planeta y las dudas aún persisten) de ahí el apodo de toda la estación de policía, Ellios Solaris, nunca creyó las historias de su antepasado que hablaban de extrañas visiones de gente muerta revivida tras el sueño de una noche, jamás me tragué una mentira de ese señor, él trajo la locura a mi familia, mi padre siguió sus pasos, él vive en una estación espacial que gira en torno a esa idiotez científica tratando de entender lo inentendible, no vale la pena perder tu vida explicando lo inexplicable, simplemente no lo vale.
Tuve que hacerlo, me estaba engañando. Le di todo mi dinero y no me trajo nada, nunca. Él y su pomposidad para hablar, él y su intelecto ególatra, él me tenía recluida con unos medicamentos que, aún siendo estudiante de medicina, no pude reconocer, You lock the door and throw away the key, lo sabes, tuve que hacerlo. La noche anterior puse una nota en su auto: “nos vemos, querido, en el mismo lugar”.
Lo sabía, él fue y sería un ultimátum.
Ni “Las Lanzas” de Ñuñoa, el “Jean Verdier” en Paris, el “Gaslight” en New York, o el tugurio que sirvió a Tzara para crear el Dadaísmo, llegaría a ser tan desabrido como el snack-bar “Le Fournil”. Aquí, en el aeropuerto, frente a la salida de vuelos internacionales. Ahí la conocí. Trabajaba de mesera para pagar sus estudios. La tarde del incidente en el hospital entendí que ella no era la misma. Ella no era Mónica y yo no era Ellios.

5 Guiños:
Ah, si ella no era Mónica, si él no era Ellios, si tampoco era Johnson, si se reencontraron en un aeropuerto y se perdieron en un hospital de blanco, manchado de sangre de médico, con palanca en mano y drogas en la otra... si todo eso pudo ser así, y es reflejo de un sueño... entonces, el tiempo es más que vigilia, es más que momento entre otros dos, es... es?
viril
el estres no te merece
mandame un poco porq me hace falta
¬¬ te iba a decir algo pero te fuiste
yo tampoco tengo plata!!!!!
rompe hojas
¬¬
SI NO ME ACUERDO!!!
pesao
y eres de aire ACUOSO xD
o talves era eso q te tenia q decir
recha mal amigo!!! :o acabod e notar que yo entro y leo tus cosas y te dejo un post de vez en cuando ( bueno, si.. muuuuy de vez en cuando.. 8-) )
pero tú nada.. y ni te dignai siquiera a tenerme en tus links!!! eres último de recha.. me piqué! >.<
ya.. si igua te quiero compañero de preu... xD
saludos! =)
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